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Como empezó todo... segunda parte.

    Ymir no fue el único ser nacido de la fusión del hielo; también había una vaca, más enorme de lo que nadie pueda imaginar. La vaca lamía la sal de los bloques de hielo por toda comida y bebida, y la leche que fluía de sus cuatro ubres formó otros tantos ríos. Esa leche alimentó a Ymir. El gigante bebió la leche y creció. Ymir llamó a la vaca Audhumbla.


   
  Al lamer los bloques de hielo con su rosada lengua, sacó a la luz otros seres: el primer día, apareció solamente el pelo de un hombre; el segundo, la cabeza;  y el tercero; todo su cuerpo se pudo ver.

  Era Buri el antepasado de los dioses.


    Ymir se echó a dormir y, mientras descansaba, nacieron de su cuerpo varios gigantes: un hombre y una mujer de su axila izquierda, y una criatura de seis cabezas de sus piernas. De estos seres, los hijos de Ymir, desciende toda la estirpe de los gigantes.

    Buri tomó una esposa entre los gigantes y tuvo con ella un hijo, al que llamó Bor. Bor se casó con Bestla, hija de un gigante, y los tres hijos que t uvo con ella fueron Odín, Vili y Ve.

    Odín, Vili y Ve, los tres hijos de Bor, crecieron y se hicieron hombres. Mientras crecían, veían a lo lejos las llamas de Muspell y las tinieblas de Nilfheim, pero sabíanq ue los dos lugares habrían sido la muerte para ellos. Los hermanos estaban atrapados para siempre en el Ginnungaagp, la vastra brecha entre el fuego y las brumas. Era como no estar en ninguna parte.

   No había mar, ni arena, ni hierba, ni rocas, ni suelo, ni árboles, ni cielo, ni estrellas. No había mundo en aquel tiempo, ni tierra, ni firmamento. El abismo no estaba en ningún sitio. Era únicamente un espacio vacío, a la espera de que la vida y la existencia lo llenaran.

   Había el legado el momento de la creación de todas las cosas. Ve, Vili y Odín se miraron y hablaron de lo que era preciso hacer ene l abismo de Ginnungagap. Hablaron del universo, de la vida y del futuro.

  Odín, Vili y Ve mataron al gigante Ymir. Era necesario. No había otra manera de crear los mundos. Aquél fue el principio de todas las cosas. Fue la muerte que hizo posible toda la vida.

  Mataron al gran gigante, y del cadaver de Ymir manó sangre en cantidades inimaginables. Manantiales de sangre salada como el mar y gris como los oceános brotaron de sus heridas y formaron una marea tan repentina, poderosa y profunda que arrastró y ahogó a todos los gigantes. (Solo sobrevivieron Bergelmir, nieto de Ymir. y su esposa, subidos a un baúl de madera que los mantuvo a flote, como una balsa. Todos los gigantes que hoy vemos y tememos son sus descendientes).

   Odín y sus hermanos fabricaron la tierra con la carne de Ymir y con sus huesos apilados formaron las montañas y los acantilados.

    Nuestras piedras y guijarros, la arena y la grava que hoy vemos, son los dientes de Ymir y también las astillas de sus huesos, rotos y aplastados por Odín, Vili y Ve en su batalla contra el gigante.

    Los mares que rodean los mundos son la sangre y el sudor de Ymir.

    Si levantamos la vista al firmamento, vemos el interior del craneo de Ymir. Los astros que brillan en la noche y todos los planetas, los cometas y las estrellas fugaces son las chispas que saltaron del fuego de Muspell. ¿Queréis saber que son las nubes que vemos durante el día? Son jirones del cerebro de Ymir, y quien sabe qué pensamientos estará rumiando, incluso ahora. 

continuará...

   

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